viernes, 28 de mayo de 2010

EL MISTERIO DE LA TRINIDAD


RECOMENDACIONES INICIALES

- Busca un momento en tu jornada para orar.
- Haz despacio la señal de la presencia, mientras dices con calma:
- En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
- Coloca ante ti este icono.
- Deja tus preocupaciones. Serénate y prepara tu corazón para la sorpresa.
- Pero ven con tus hermanos y hermanas, ven con su dolor y su gozo.
- Ten presente las situaciones de muerte que te llegan cada día del mundo.
- Acércate desde ahí al Señor.
- Abre la Palabra y lee estos textos: Gn 18,1-9; Jn 3,16; 17, 21-23; Rom 5,5
- Deja que el Espíritu te adentre en el misterio del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
- Misterio de luz y de amor, de comunión y de misericordia.
- Deja que el Espíritu te lleve a la Trinidad, porque en ella está la fuente de tu vida, la meta de tu caminar, el remanso de tu fatiga.
- Deja que el Espíritu abra los ojos de tu corazón para contemplar lo que te revela este icono en tres tiempos, en tres planos, en tres personas.
- Entra silencioso/a porque la mesa está abierta y preparada para ti.


AHORA FIJATE LENTAMENTE EN LA IMAGEN

jueves, 27 de mayo de 2010

En un primer plano: Amor y Hospitalidad junto al encinar de Mambré


Tres ángeles: bellos y elegantes en su ropaje y en su cabellera, llenos de majestad, envueltos en un halo de misterio, vivo y expresivo en su dependencia y en su comunión recíproca. Llevan en sus manos unos casi imperceptibles bastones rojos de peregrinos. Están sentados en torno a la mesa que Abrahán y Sara han preparado. Sobre la mesa hay una copa y dentro de ella algo que es como un trozo de cordero.
El encinar de Mambré se ha estilizado en la pintura hasta convertirse en un arbusto misterioso que está junto al ángel del centro. La casa de Abrahán se ha convertido en una diminuta casa-palacio que está sobre al ángel que se contempla a la izquierda. Han quedado fuera de la escena Abrahán y Sara. Todo se concentra en los tres ángeles misteriosos. La Iglesia ha considerado la teofanía o manifestación de Dios a Abrahán y a Sara, junto al encinar de Mambré, como una revelación de Dios a los seres humanos: revelación misteriosa y cargada de sentido salvador. Los Padres orientales ven en esta manifestación una primera revelación de Dios que es Uno y Trino, un Dios que ama al ser humano y sale a su encuentro, un Dios de la historia que se acerca a la historia de la humanidad, un Dios amigo que pide hospitalidad a Abrahán y a Sara, los amigos de Dios.

miércoles, 26 de mayo de 2010

En un segundo plano: El Misterio de la Trinidad

La imagen te invita a trascender la escena para contemplar el misterio. Los tres Ángeles reflejan el misterio de la Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo. Unidad en la naturaleza, Trinidad en las personas. En los rostros de los ángeles se descubre un amor misericordioso, de donación. Amar es salir de sí. Dios aparece como comunión, como unidad, como familia. Algunos elementos subrayan la unidad de vida divina y misteriosa:

- El color azul que de diversas maneras está presente en los tres vestidos;
- El mismo color de las alas que están misteriosamente unidas y que expresan una intensa comunión.
- La unidad de la mirada y del movimiento interno que parte desde el pie del ángel de la derecha y sube hasta su cabeza, se vuelca en la del ángel del centro y ésta a la vez se posa en la del ángel de la izquierda hasta indicar un movimiento de comunión en la vida y en el pensamiento, como un misterioso círculo de plenitud en el que estos tres ángeles viven.

Las tres divinas personas están en orden de precedencia: el primero a nuestra izquierda el Padre, el segundo el Hijo, el tercero el Espíritu Santo. La ligera inclinación de los báculos dorados indicaría el orden mismo de la majestad trinitaria, del Padre al Espíritu.

La figura central es la del HIJO, con su túnica sacerdotal, sus manos indicando la copa del sacrificio, revestido de una túnica y un manto que representan su doble naturaleza. El Hijo como evidencia de la Encarnación redentora, con su rostro inclinado en actitud reverente de aceptación de la voluntad del Padre.

El misterioso ángel de su izquierda sería el PADRE, principio de todo en quien descansa el movimiento de las cabezas y de las aureolas, como una reverente aceptación de su voluntad por parte del Hijo y del Espíritu.

El ángel que está a la izquierda es el ESPIRITU SANTO. Tiene un rostro dulce, tierno, maternal, casi femenino. Es el consolador. Su actitud es de servicio, de oblación, de colaboración; se inclina obediente; se lanza en la colaboración total a los planes del Padre y del Hijo. El color verde de su vestido nos habla de juventud y de vida: Espíritu vivificante, juventud de Dios, rejuvenecedor de la Iglesia, escondido y presente.

martes, 25 de mayo de 2010

Deja que la imágen habite en tu vida

Dios huésped y peregrino que se reveló a Abrahán y a Sara, ahora vive en ti, en cada ser humano. La Nueva Humanidad es la casa de la Trinidad, el mundo está lleno de su Amor. Nuestro Dios es Padre, Abbá, un Amigo entrañable que ofrece a manos llenas redención, salvación, presencia, comunión, inhabitación. Has sido creado/a a imagen y semejanza de la Trinidad. Dios vive en tu interior. Has sido bautizado/a en el nombre de la Trinidad Santa. Dios guía tu vida. Tu vida está en las Manos de Dios. Acoge esta Palabra de Jesús y llévala como lámpara encendida, en tu corazón:

«Si alguno me ama, mi Padre lo amará y vendremos a él y pondremos en él nuestra morada» (Jn 14,23).

lunes, 24 de mayo de 2010

CANTA UN HIMNO A CRISTO



Los santos que han tenido esta experiencia te invitan a buscar a Dios dentro de ti, a descubrirlo presente y amigo. Y después te invitan a buscarte en Él, a perderte en la Trinidad donde tu imagen está esculpida, como dice santa Teresa de Jesús. Juan de la Cruz te invita a contemplar en la Trinidad la fuente que mana y corre aunque es de noche, manantial de la vida, cauce de una sola agua que se ofrece a través de los tres ríos del misterio trinitario, manantial inagotable de comunión y de amor. Isabel de la Trinidad te invita a buscar al Dios vivo, que ha hecho de cada persona la casa de Dios, la casa de la Trinidad, y te invita a contemplar tu propio misterio y el misterio que tienes dentro, repitiendo su hermosa oración trinitaria: «Oh Dios mío, Trinidad que adoro...» Repite con la Iglesia llena de amor y agradecimiento:

«Gloria al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo. Como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén».