jueves, 27 de mayo de 2010

En un primer plano: Amor y Hospitalidad junto al encinar de Mambré


Tres ángeles: bellos y elegantes en su ropaje y en su cabellera, llenos de majestad, envueltos en un halo de misterio, vivo y expresivo en su dependencia y en su comunión recíproca. Llevan en sus manos unos casi imperceptibles bastones rojos de peregrinos. Están sentados en torno a la mesa que Abrahán y Sara han preparado. Sobre la mesa hay una copa y dentro de ella algo que es como un trozo de cordero.
El encinar de Mambré se ha estilizado en la pintura hasta convertirse en un arbusto misterioso que está junto al ángel del centro. La casa de Abrahán se ha convertido en una diminuta casa-palacio que está sobre al ángel que se contempla a la izquierda. Han quedado fuera de la escena Abrahán y Sara. Todo se concentra en los tres ángeles misteriosos. La Iglesia ha considerado la teofanía o manifestación de Dios a Abrahán y a Sara, junto al encinar de Mambré, como una revelación de Dios a los seres humanos: revelación misteriosa y cargada de sentido salvador. Los Padres orientales ven en esta manifestación una primera revelación de Dios que es Uno y Trino, un Dios que ama al ser humano y sale a su encuentro, un Dios de la historia que se acerca a la historia de la humanidad, un Dios amigo que pide hospitalidad a Abrahán y a Sara, los amigos de Dios.